Sotyantya tiene 48 años, integra una cooperativa local de reciclaje y vive en Imizamo Yethu, un tugurio ubicado en las afueras de Ciudad del Cabo. Considera que las medidas adoptadas para la concreción de una economía verde han dado un giro a su vida.

Antes desempleada y esforzándose por sobrevivir, ahora gana un promedio de 250 dólares mensuales por su trabajo, lo suficiente para mantener a sus cuatro hijos, según ella.

“Cuantas más personas sean conscientes de los beneficios del reciclaje, más basura se vertirá en el centro de residuos de Hout Bay. Para mí, eso se traduce en más dinero”, explicó.

La Cooperativa de Reciclaje de Hout Bay, a la que ella pertenece, se ubica en el vertedero municipal. Aquí, Sotyantya y otras personas clasifican y venden los materiales reciclados.

Su cooperativa está integrada por seis personas –tanto hombres como mujeres- que antes estaban desempleados y sumidos en la pobreza. Reciclan 25 toneladas de desechos por mes, y el número va, lentamente, en aumento.

La cooperativa recibió un impulso cuando Thrive, una incubadora de empresas sociales que ayuda a que emprendimientos verdes sean viables y competitivos, decidió ayudarla a mejorar su estrategia y sus conocimientos administrativos.

“Nos centramos en crear empleos que ayuden a minimizar los desechos, a aumentar las fuentes renovables, a proteger y restablecer la biodiversidad local, a reducir las demandas de energía y agua y a crear una red alimentaria local”, explicó la directora gerenta de Thrive, Iming Lin.

Esto es mucho más que desarrollar modelos empresariales tradicionales: se trata de incorporar beneficios sociales, ambientales y económicos, dijo.

Aunque está en funcionamiento apenas desde julio de 2011, el trabajo de Thrive no ha pasado desapercibido. La Iniciativa SEED del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reconoció el trabajo de la organización seleccionándola para uno de sus premios 2011 al desarrollo sustentable.

En África, “empresas y países, desde pequeñas comunidades a jefes de Estado, repentinamente se dan cuenta de la importancia de la economía verde”, señaló Nick Nuttall, portavoz del PNUMA.

El desarrollo económico y la sostenibilidad ambiental y social no pueden operar de modo aislado, planteó.

La economía verde no implica solo un ideal, sino también números concretos, sostuvo.

Crear una economía verde ya no es una opción, sino un requisito, según Nutall.

“Vivimos en un mundo de 7.000 millones de personas, que aumentarán a 9.000 millones para 2050. Si no cambiamos el modo en que consumimos bienes y servicios y pensamos sobre los límites ambientales, entonces estamos en problemas”, dijo.

“Pero este también es un mundo de oportunidades. Hay cada vez más ejemplos de pequeñas empresas que solucionan grandes problemas y crean medios de sustento”, añadió.

 

 

Fuente: Diagram Consultores